Recuperación en el sector de la construcción en España 2016 – 2017

Signos de recuperación de la construcción que recomiendan prudencia

 

Aun dando crédito a los estertores de la recuperación económica, el sector español de la construcción no abandona el estado de alerta, si bien la totalidad de expertos le auguran previsiones positivas a corto-medio plazo, en un escenario con tintes alentadores: crecimiento del 4,4 % en 2016 con proyección del 5,5 % para 2017. En todo caso, habrá que esperar la reacción de la ingeniería civil, que si es capaz de eludir una nueva recesión tras los espasmos electorales, podrá contribuir significativamente al impulso de la construcción.

Pero ahondando en las cuestiones estructurales del propio mercado español de la construcción, pueden encontrarse serios motivos para la incertidumbre que quizá en la mayoría de países de nuestro entorno no tengan razón de ser. No debe olvidarse, por un lado, que la demanda de vivienda ha quedado sensiblemente empobrecida y que, por otro, persiste una bolsa de oferta de inmuebles nada despreciable. De la conjunción de ambos factores es fácil sospechar que la recuperación global no tenga capacidad de proyectarse de forma directamente proporcional en la construcción, lo que puede traducirse en que esta mantenga un ritmo de producción moderadamente alcista por debajo de su potencial.

En cuanto al factor demanda, las perspectivas no pueden tildarse de halagüeñas, básicamente por dos serios hándicaps: la precariedad del empleo creado y un balance demográfico enormemente pobre (2015 fue el primer año, tras la Guerra Civil, en el que los fallecimientos superaron a los nacimientos).

Si desglosamos por segmentos, la edificación con fines residenciales está llamada a liderar el crecimiento por los evidentes signos de predisposición a nuevas promociones de vivienda, ya que el empuje experimentado por las ventas está barriendo en casos puntuales el remanente, lo que ha estabilizado unos precios que llevaban una tónica bajista, reactivándose el crédito para proyectos de bajo riesgo. Apuntando a medio plazo, las sensaciones generadas por el mercado del suelo permiten concebir esperanzas de llegar a 2018 con un 4 % de crecimiento.

Por su parte, en cuanto al ámbito no residencial puede decirse que se encuentra en una situación contradictoria: mientras se ve sometido a fuertes presiones por inyectar capital en el mercado inmobiliario, las ejecuciones de nuevos proyectos no acaban de ver la luz. Y es que es evidente que las empresas demandantes del producto de este segmento del mercado prefieren de momento destinar los primeros efluvios de su recuperación a renovar bienes de equipo y toda su maquinaria productiva antes que a invertir en inmuebles. Por ello, 2016 no deja adivinar repuntes más allá de un 2,5 %.

Por último, en el capítulo de ingeniería civil es muy arriesgado prever la huella del vacío poselectoral; las hipótesis más prudentes le otorgan un crecimiento no superior al 2,4 %, considerando que la salida del túnel puede dejar cierto margen para próximas partidas presupuestarias. Si bien la reactivación de la obra pública contribuyó en 2015 a que la ingeniería civil liderase la expansión con un 6%, para 2016 difícilmente cabe esperar que se mantenga esa situación, porque los municipios van a perder el aliento inversor y porque es probable que el Gobierno de España replantee la estrategia nacional de infraestructuras públicas.

En definitiva, un sector que saca la cabeza de debajo del agua pero cuyo pasado inmediato proyecta una larga y siniestra sombra.