Urbanismo humano: los nuevos espacios de acción colaborativa

contenedores de reciclaje
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El urbanismo no puede seguir haciendo oídos sordos al pulso que la economía colaborativa, el ecologismo urbano y nuevas formas de producir y de consumir están desarrollando en barrios y periferias.

Representan formas de conectar a las personas más allá de plazas, de zonas verdes, de calles, de vías de doble sentido y de dobles usos para locales vecinales. Esas acciones sociales que exigen espacios propios son los eventos reivindicativos de rincones no normalizados, las apetencias de los prosumer, lo que resulta de azuzar la corresponsabilidad colectiva o de desear rincones donde dejar y encontrar la basura más productiva. Veamos cada una de esas nuevas necesidades de los nuevos ciudadanos socialmente conectados para hacer causa común:

 

– Acciones de microurbanismo. La necesidad de espacios no reglados efímeros para luego proponer su consolidación si resultan socialmente viables. Se trata de acciones limitadas, con bajos presupuestos y con muy pocas exigencias burocráticas.

Acciones para intervenir en calles y plazas o en infraestructuras urbanas con las que fomentar procesos de creación en colaboración, con los que iniciar actividades que rescaten valores identificables con la conciencia local o para despertar iniciativas que activen las relaciones económicas en la comunidad.

Una actividad de este tipo son los Park (ing) Days, acciones diseñadas para transformar rincones de barrios en parques públicos por un día. Es la reivindicación de espacios no normalizados, y hasta marginales, y de los deseos de gentes que quieren un lugar para todos justo donde viven sus vidas.

 

– Prosumers. La economía y la sociedad modernas están orientadas y asociadas para producir y consumir. Algo que se considera la base del progreso de las mismas sociedades, porque, se dice, genera riqueza para todos. El pensamiento alternativo a estos argumentos gira entorno al concepto de prosumer. El prosumer es un individuo que sigue esa tendencia. El prosumer produce lo que consume rompiendo su dependencia de la actividad industrial.

 

El ciudadano se convierte al mismo tiempo en productor y consumidor. Este concepto necesita en el urbanismo social moderno de espacios para huertos urbanos o de pequeñas infraestructuras que sirvan para el anidamiento de proyectos colaborativos que ayuden a la solución de problemas locales. Un ejemplo, son, éso, los huertos sociales pensados para el autoconsumo.

 

– Espacios para la basura. En los barrios desafiántemente colaborativos, lo que no se usa tiene el potencial de revivir en manos de personas habilidosas y artesanos del reciclaje. De esta forma los restos aprovechables se convierten en útiles con una carga social que, indirectamente, también ayudan a crear cohesión. Una aplicación urbanística para esta tendencia son los rincones donde se depositan restos, basuras no orgánicas, enseres que diferentes personas con habilidades propias serán capaces de reutilizar y de convertir de nuevo en objetos útiles.

 

– Gamificación. Se trata de un concepto extraído de los populares videojuegos, que ya se ha introducido en el consumo de muchas maneras, pero que también puede representar un gran activo para descubrir los lugares donde se vive. La gamificación local tiene un gran poder para relacionar a las comunidades y es un valor para el turismo. Los juegos de geolocalización, o geocaching, integrados en el urbanismo pueden hacer más interesante, dinámica y socialmente más alentadora cualquier interacción local. Es una forma igualmente original de mostrar el patrimonio y una manera de convertir las acciones de descubrimiento en  desafíos personales interesantes.

 

– Corresponsabilidad. Se trata de un valor por el que los miembros de una comunidad se responsabilizan desde el punto de vista social en asuntos de bienestar comunitario y de convivencia. Instituciones, individuos, empresas y pequeños comercios poniendo soluciones a problemas cercanos y comunes. Una forma de dar cobertura a estas necesidades es la creación de lugares de reunión abiertos en los que poder unirse y trasladar empatía y espontaneidad a acciones concretas. Ésto está relacionado con el diseño de parques, de plazas y de locales de uso público.

 

Estos son algunos, sólo algunos, de los polos más visibles de una nueva conciencia social que buscan su lugar entre calles, aceras y plazas y que el urbanismo no puede seguir ignorando. Porque no es una moda, es el futuro de la cohesión social que se cría en las ciudades.